Llevo una semana tratando de escribir acerca de uno de los personajes más importantes de mi historia personal. Un hombre que me llevó a valorar en mucho el relato desde que era muy pequeña, justo en la edad que los alumnos de mi compañero empiezan a ver la lectura como un castigo y una obligación antes que un placer y la libertad.


El "Tío Patota" para mí primero fue una voz que escuchaba en el radio. Tendría aproximadamente siete años y el programa de "Los cuentacuentos de ASNAC" pasaba en las tardes por "Radio Infantil", sabiendo que los fines de semana se reunían en el "Parque Hundido" y escuchando una y otra vez la posibilidad de llamarles pero co las líneas siempre saturadas. Me animé a hacer algo que no sería extraño años después. Escribí una carta con un cuento y la mandé.

¡Jamás me habría imaginado que terminaría en el programa como invitada! ¡En la misma cabina de la estación que mi héroe!

Mi mamá me acompañó y por poco no llegamos a la estación por perdernos. Ya para cuendo logramos ubicarnos estaba nerviosísima. ¡Por supuesto que no pude leer en voz alta el guión que me daban! Pero al haber pasado tanto tiempo leyendo sus cuentos, los conocía bien y pude improvisar. Aunque fue más difícil controlarme cuando descubrí "¡Oh decepción!" que el globo mágico que solía entrar por la ventana en verdad era un globo que ahí mismo inflaban y reventaban con un encendedor. Que el papelito que debía ir dentro como esos muñeco "englobados" que comenzaban a ser novedad de lujo para los regalos, era parte del guión. Mamá me recordó que lo importante era la magia de poder "verlo" cuando lo escuchamos en casa. Tal como las palabras se convierten en historias.

Me tocó la adivinanza de "Entra Amanda,
Sale Amanda" ¿Saben de cuál animal hablamos?

Desde entonces tuve varios de sus cuentos siempre a la mano, de los cuales el que mas recuerdo porque era parte de lo que mi abuelo compartía con la gente que lo rodeaba era el de "A dónde vas Tomás" con su maravilloso descubrimiento gracias a unas semillas. el de "La computadora Kajota" que todavía sirve para jugar con algunos niño la idea inicial y a veces el de las cosquillas por mi sobrino. Esos años tuve en mi cuarto posters como el de "Si no leo, Me Aburro", entre otros varios de la editorial Trillas. También una colección de revistas "hispa" donde las historias de los cuentacuentos, algunos inventos y juegos para niños se intercalaban con información cultural y científica narrada como anécdotas de los científicos y como retos artísticos para los lectores.

Como en muchas historias de la niñez, cambió mi vida con el paso del tiempo pero la experiencia poco a poco fue enraizando con lo que es mi sueño de vida. Aún cuando no logré ser tan buena como él lo fue para los muchos niños que llamábamos hasta saturar las líneas del radio o los adultos que nos acompañaron al parque para escuchar a los cuentacuentos.

Voy a detenerme porque es más probable que les cuente alguno de sus cuentos que hablarles más acerca de él. Ha pasado casi treinta años desde que todo esto sucedió y él ahora es parte de los escritores que fluyen entre las letras y los recuerdos.

Si quieren saber más de su vida ya en otro tono pueden consultar los siguientes enlaces:

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